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La terrible filoxera.

Tras el paso de dos enfermedades devastadoras para la vid francesa como el mildiu y el oidium, llegó la filoxera, que iba a alterar toda la producción europea de vino. La filoxera es un insecto hemíptero de 0,5-2 mm que parasita plantas, entre ellas, la vid. Pertenece al género Aphidiae, y aunque existen diferentes especies, la que afectó a Europa a mediados del siglo xix procedente de América ataca las raíces, no las hojas. El insecto se reproduce por medio de huevos, que pueden alcanzar los 15 millones en 5 meses. Se propaga por aire y tierra, así como por los utensilios que utiliza el hombre.  Las cepas mueren entre dos y cuatro años después de su parasitación.

Los primeros focos en Europa se detectaron en Gran Bretaña y en Francia entre 1863 y 1867, pero hasta julio de 1868 no se demostró que la causa de la muerte de las vides era la filoxera. La velocidad con la que se extendió la enfermedad fue de 30 kilómetros por año, y en 1877 en Francia se registraba un 12 % de vides muertas y un 15 % infectadas. En 1874, el gobierno francés concedió un premio de 300.000 francos al mejor trabajo de investigación sobre la filoxera.

Hacia 1870, el botánico francés Jules-Émile Planchon —el primero que había identificado los  de la plaga— colaboró con el británico Charles Riley, entomólogo del estado de Missouri, para hallar una solución: injertar raíces de vides americanas resistentes a la filoxera en los brotes de vides europeas. En 1877, se organizó en Lausana (Suiza) una conferencia internacional sobre el asunto, y en 1878, en otro congreso celebrado en España, se propusieron ideas para acabar con la plaga, como inundar las viñas durante 40-45 días, aplicar sulfuro de carbono y sulfocarbonatos, y utilizar vides americanas como portainjertos.

Ese mismo año, en Berna, se llevó a cabo una convención en la que Alemania, Austria-Hungría, España, Francia, Italia, Portugal y Suiza se obligaron a contar con una legislación unificada contra la plaga, además de regular el comercio internacional, permitiendo el libre movimiento de vino y uvas de mesa sin hojas ni sarmiento, y sometiendo plantas y arbustos al paso por aduana.

La filoxera en España

La rapidez en la investigación y la preocupación por esta plaga dan una idea de la circunstancia doble que afectó a España. Por un lado, la filoxera supuso un aumento de las ventas de vino español debido al déficit francés y, en general, un florecimiento de la viticultura española; pero, por otro lado, una vez entró la plaga en el país, dio paso a una crisis del sector y a concluir un acuerdo comercial con Francia.

A finales del siglo xix, La Rioja duplicó su extensión de viñedo, hasta alcanzar las 55174 hectáreas y los 129 millones de litros en 1881. En esa época, además, fueron creadas las principales bodegas del vino de Rioja, principalmente en el corredor del Ebro entre Haro y Logroño. Familias y capitales riojanos, asociados con franceses o vascos, o de manera autónoma, crearon pioneras bodegas, hoy centenarias, como Marqués de Murrieta y Marqués de Riscal, réplica de los châteaux bordeleses, que buscaron la mejora del viñedo, e incluso se trajeron y plantaron cepas foráneas, como la cabernet sauvignon y la merlot. Entre las décadas de 1870 y 1890 (sobre todo, hasta 1884) se multiplicaron casi por diez las exportaciones vinícolas españolas, sobre todo a Francia: de 1,4 millones de hectolitros exportados en 1870 se pasó a 9,4 millones en 1890.

Sin embargo, la sobreproducción y la recuperación de los viñedos franceses truncaron el desarrollo del floreciente mercado español. Aunque, como veremos, la producción vitivinícola española también sufría la filoxera, la plaga no iba a afectar tanto a la producción como el aumento de los aranceles franceses para el vino español, tras el término del tratado comercial entre ambos países en 1892 y la reacción proteccionista general que se extendió por Europa. España hizo grandes esfuerzos por frenar el contagio de esta plaga descepando una franja de 20 km en la frontera entre Francia y Cataluña, pero fue inútil, y al igual que se extendió por Suiza, Italia, Portugal o los Imperios austro-húngaro, ruso y otomano, en la década de 1870 la filoxera también penetró en España. Las primeras provincias afectadas fueron Málaga (1878) y Gerona (1879), y en 1884 también estaban invadidas por la plaga las cepas de Barcelona, Almería, Granada y Orense. En La Rioja, se vio por primera vez en 1899, en Sajazarra. A finales del siglo ya había tenido una gran repercusión en el viñedo de la región, y en 1911 tenía 20850 hectáreas afectadas. Aunque hubo localidades —como Cornago y Valdeperillo— en las que arrasó todos los viñedos y que no han vuelto a recuperar la producción de antaño, La Rioja empezó a superar la plaga hacia 1925.

 En general, la filoxera en España se extendió de forma muy diferente por cada zona y tardó mucho en afectar a todo el país. La replantación se desarrolló entre 1910 y 1925, extendiéndose hasta 1930.

 LMV.